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martes, 5 de septiembre de 2017

El Gorgocil en El puente del Congosto


Un sitio donde siempre hay que volver




Ya he escrito en alguna otra ocasión sobre esta casa rural situada a orillas del río Tormes, en un pueblo pequeño de tamaño pero grande en recuerdos y sensaciones cuando se visita, y es de algunas de estas sensaciones de las que quiero hablar hoy para promocionar, sin complejos,  este rincón de España, esta forma de vida y rendir también un pequeño homenaje a los dueños de este alojamiento coqueto y acogedor que es El Gorgocil.



Hace ya algún tiempo, ¡vaya! cómo pasa el tiempo si el recuerdo es bueno, pues entonces te parece una enormidad el trascurrido y quieres volver antes de que se difuminen los recuerdos en la memoria.

Como decía hace ya algún tiempo y junto con mi mujer y unos amigos nos desplazamos al Puente del Congosto a pasar un fin de semana el la casa rural el Gorgocil, sus dueños, viejos amigos, nos acogieron estupendamente y nos mostraron lo que la naturaleza y el hombre en armonía con ella ha hecho en ese rincón de la provincia de Salamanca bañado y bendecido por el río Tormes.

Estás son algunas de mis impresiones, muy personales sobre esa visita, que espero que sirvan para que a más gente le apetezca acercarse por allí:





Lo primero que sentí al llegar es que el tiempo, rápido y abrumador en la ciudad, se hacía más pausado y natural, acomodándose a los ritmos que marcan el río y el movimiento del Sol, eso lo noté al entrar en el pueblo, la gente andando tranquila por las calles, casi sin tráfico, el hablar sosegado de la dueña del Gorgocil Paloma, la falta de ruidos extemporáneos, que tan frecuentes son en las calles de Madrid, en definitiva todo invitaba al sosiego y la paz.

Al bajar del coche también sentí la presencia vigilante del castillo de los Dávila, según supe después, al pié de cuyas murallas se encuentra el Gorgocil.
Tras dejar las maletas, ya era de noche, cenamos y nos sentamos a tomar una copa y charlar mientras el tiempo fluía sin hacerse notar, ya tarde nos fuimos a dormir agotados por el viaje e ilusionados con las experiencias por venir.




De mañana y tras un buen desayuno fuimos con la dueña como guía a visitar el pueblo, recorrimos sus calles con sabor a otro tiempo, dinteles decorados con símbolos enigmáticos y cruces como la que os muestro aquí.

Parece ser que se trataría de la cruz de la victoria asociada a la batalla o más bien hecho de armas sucedido en Covadonga donde grupos de cristianos refugiados en las montañas derrotaron a los musulmanes, con el alfa y el omega, igual a la que muestro un poco más abajo sacada de internet.




También vimos signos relacionados con la fe religiosa, como cordones de hábitos que aparecen en las entradas a algunas casas antiguas.


Pero el pueblo tiene su pasado ligado al puente y la trashumancia.




El puente del Congosto tiene su razón de ser en el Tormes que pasa por allí con un caudal importante lo que justifica la existencia de un puente para vadearlo desde antiguo y este puente es el que justifica la presencia del castillo para vigilar el paso por él y volvemos al principio pues es eso lo que le da su origen al pequeño núcleo humano presente allí. 

El río trajo el puente, este trajo al castillo ... 



... y este a los habitantes del pueblo, unos y otros interaccionando en armonía desde puede que hace ya unos mil años, o más...


Ya que cerca del pueblo, al otro lado del río y entre los encinares Paloma nos mostró un pequeño dolmen vecino de una encina centenaria y que al acercarme y tocarlo me hizo sentir todo el peso del tiempo que ha transcurrido desde que otros hombres con unos intereses y formas de vida muy distintos a nosotros levantaron esta construcción ... ¿con que fin? 




Podemos dejar volar la imaginación y pensar que ese megalito al lado del río, en un encinar y junto a otras piedras milenarias serían una forma de culto a la naturaleza propio de cazadores-recolectores prehistóricos. Esta idea apoya la existencia de restos arqueológicos desde el paleolítico superior hasta la romanización en el vecino cerro del Berrueco. 




Como se puede deducir este lugar habría sido poblado desde la antigüedad seguramente por la misma razón que hizo que se poblara en época romana y también se repoblara en la edad media, siempre el río, el Tormes y sus riquezas asociadas.









También visitamos la iglesia de nuestra señora de la Asunción, junto al castillo y la casa rural El Gorgocil y disfrutamos de las explicaciones del guarda de la iglesia que incluso nos dejó subir al campanario, otra gozada. Como anécdota también conocimos a un burrito que pasta en la parte trasera de la iglesia.





En nuestros paseos por el pueblo nos acercamos a conocer el horno del pueblo reconocible por el olor que sale de él, allí compramos pan, riquísimo y natural.




Lamentablemente el fin de semana no se pudo estirar más, ni siquiera en este lugar, y el domingo llegó y tuvimos que volver, quedaron para siempre, bueno mejor hasta la siguiente visita, los recuerdos y las sensaciones vividas en este lugar privilegiado.


Espero que esta reseña de viaje os haya animado a encaminar los pasos hacia el Puente del Congosto y a visitar la casa rural El Gorgocil.

Un saludo y nos leemos



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